jueves, febrero 08, 2007

Serie: ANÉCDOTAS DE AYER Y DE HOY 8

EL GILIPOLLAS HACIA EL QUE SENTÍ SENTIMIENTOS DE AMOR
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Hace tiempo que me sucedió algo curioso. Me encontraba acudiendo a un curso preparatorio de oposiciones, desarrollado en un centro educativo privado. Una tarde, por error, acudí una hora antes. Por suerte, fui provisto de mi reproductor de mp3, en el que tenía grabado algunos temas de Ravi Shankar. Aproveché la hora que tenía libre para realizar mis ejercicios de meditación Shamadi. Como todos sabéis, es un tipo de meditación basada en la observación de ciclos mínimos vitales sin provocación de imágenes. Uno se concentra en su respiración, en los latidos de su corazón. Yo lo suelo hacer con los ojos cerrados y procuro que durante unos 40 minutos no me vengan imágenes ni pensamientos de ningún tipo. Poco a poco, el meditador va deteniendo la mente en un "punto de quietud" instaurado entre un pensamiento y otro. Si sobreviene alguna imagen o pensamiento se les deja ir, sin retenerlos. Cuando medito busco la absorción total de mi mismo, la conexión absoluta con el cosmos y la comprensión total. No imagino ni visualizo ningún objeto, ni sentimiento. Lejos siempre de cualquier deseo. -

Una vez dentro del centro busqué un sitio para realizar esa meditación. Encontré un hall con un maravilloso sofá marrón. El marrón es sin duda un color masculino, rígido, severo y sobre todo confortable. Evoca siempre ambiente otoñal y ofrece gravedad y equilibrio. Es además el color más realista; después de todo es el color de la tierra que pisamos y a la que un día acudiremos a ser enterrados. Me senté, con la columna vertebral recta. Cerré los ojos. Respiré profundamente tres veces, tras lo cual comencé a respirar ritmicamente. Subí el volumen de mi mp3 al máximo.
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Tras un periodo de tiempo que no sabría determinar, noté un golpecito en mi hombro derecho. Tardé un poco en abrir los ojos. Vi a un ser; un hombre que me decía algo. Tenía aspecto y actitud de profesor. Tardé en reaccionar y quitarme los cascos de las orejas.
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-Perdona, pero esto es un centro escolar -musitó con rostro asustado.
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No supe qué contestar. Aquel ser había interrumpido una calma interior difícil de alcanzar.
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-Mira, esto es un centro escolar... -repitió con más nerviosismo.
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-Sí, ya lo sé lo que es, yo trabajo en uno... -alcancé a decir
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En cualquier otro momento, puede que le hubiera dado una mala contestación, pero si hay algo que la meditación ha logrado en mí, es el hecho de ser capaz de generar sentimientos de amor, incluso hacia el ser más malévolo o gilipollas del planeta. Puedo asegurar que le miré con sentimientos de paz y amor. Y me seguí quedando callado, sin saber qué decir, cómo explicarle lo que estaba haciendo.
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-No, es que... mira... esto es un centro escolar ¿te encuentras mal? -siguió diciendo
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Me fijé a su alrededor. Había muchos niños corretenando por la sala. Y algún que otro padre acompañándoles. Parecía que se había organizado una fiesta en el centro y la gente había estado llegando mientras yo me absorbía. Le iba a decir que estaba realizando un ejercicio personalizado de meditación Shamadi, pero no sabía por donde empezar. Sentí cierta extrañeza, después de todo no estaba haciendo nada malo, ni nada sospechoso (ni tan siguiera había adoptado la posición de Buda) Así que seguí bloqueado, siempre en un estado de calma maravilloso y tras unos segundos largos llegué a decir "es que estaba meditando"
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-Mira, ven, aquí hay una sala donde podrás descansar... -me dijo, y me señaló un cuartucho que se intuía usaban de trastero.
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Me levanté, y me fui. Sin decir nada... con ganas de retomar mis pautas respiratorias... amando a toda la humanidad... incluso a aquel jodido gilipollas.

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