sábado, mayo 27, 2006

Traducción. Billy Collins

Te pregunto

¿En qué escena querría yo estar envuelto
más que en ésta,
una noche ordinaria en la mesa de cocina,
el empapelado floral que aprieta hacia adentro,
gabinetes blancos llenos de cristales,
el teléfono silencioso,
una pluma inclinada hacia atrás en mi mano?

Esto me da tiempo para pensar
en todo lo que continúa fuera –
hojas que se juntan en las esquinas,
el liquen enverdeciendo las altas rocas grises,
mientras sobre las dunas el mundo navega,
enorme, en alta mar, la historia que burbujea en su estela.

Pero más allá de esta mesa no hay nada que necesite,
ni siquiera un trabajo que me permitiese remar para trabajar,
o un Aston Martin DB4 color café
con asientos rajados verdes de cuero.

No, está todo aquí,
los óvalos claros de un vaso de agua,
una pequeña caja de naranjas, un libro sobre Stalin,
y no digamos el extraño pescado que gruñe
en un marco sobre la pared,
y la forma en que estas tres velas –
cada una con una altura diferente –
cantan en armonía perfecta.

Entonces perdóname
Si ahora bajo mi cabeza y escucho
a la vela más corta como si cantase ella sola
mientras mi corazón
tintinea bajo mi camisa –
una rana en el borde de una charca –
y mis pensamientos vuelan hacia una provincia
hecha con un enorme cielo
y aproximadamente un millón de ramas vacías.

Billy Collins

Traducción Vicente Gutiérrez.

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