jueves, agosto 24, 2006

ARTÍCULO. VICENTE GUTIERREZ.

Hoy, en el Diario Montañés, me publican este artículo que trata sobre la poesía joven actual en Cantabria:

http://www.eldiariomontanes.es/prensa/20060824/cultura/poesia-joven-cantabria_20060824.html

La poesía joven de hoy en Cantabria
VICENTE GUTIÉRREZ ESCUDERO/
Durante la presente Feria del Libro Viejo de Santander, ubicada en los Jardines de Pereda, se ha desarrollado el Primer Ciclo de Poesía Joven. Participaron un total de 12 poetas jóvenes, la mitad de los cuales procedentes de fuera de Cantabria. La coordinación de este ciclo corrió a cargo de Carmichael Alonso y 'Nadadora. Revista de poesía'. Estos recitales evidencian la gran diversidad de voces poéticas que actualmente existe en España, diversidad que es más que palpable en nuestra región. Es indiscutible que la poesía cántabra está configurada por una multiplicidad heterogénea de formas; pero donde algunos ven una cautivante y apetitosa diversidad otros perciben una balcanización angustiosa, un popurrí de voces y tendencias difícilmente estudiables. A los críticos y estudiosos les encantan las cajas. Etiquetar a los poetas y meterles en ellas, como a insectos. Pero la realidad se resiste a simplificaciones tan restrictivas y creo que, dada la inmensidad de manifestaciones líricas que han discurrido en el desarrollo de la poesía cántabra de las últimas décadas, debemos aportar una visión bien justa. En la década anterior, la principal división en cajas distinguía a los llamados poetas 'herméticos' de los exponentes de diversos tipos de verso figurativo, o también llamados 'poetas de la experiencia'. Cantabria fue afectada por este fenómeno. Pero si por aquel entonces se debía caer obligatoriamente en una de estas dos cajas, la situación actual parece bien distinta. Hoy en día la separación se da más entre los poetas que ejercitan el lenguaje de formas referentes, representando con él el mundo que les rodea y aquellos quienes entienden el lenguaje poético no como una mera representación sino como realidad en sí misma, lo que no quiere decir que erijan un mundo autosuficiente, desligado de lo que les rodea.Palabras y hallazgosEn la poesía joven cántabra también se percibe esta división. En cualquier caso, todos estos poetas coinciden en señalar que la poesía es uno de los muchos medios de dar testimonio, mediante la palabra, del mundo en que se vive. Todos ellos se sienten parte de una sociedad llena de contradicciones y entienden la poesía como una manera más de evidenciar esas contradicciones y, en algunos casos, ser un agente de crítica y denuncia. Para ello se arman de hallazgos singulares que pretenden huir de cualquier identificación grupal. Ejercitan una poesía no condicionada por el peso de una sola tradición sino alimentada por muchas tradiciones. Se sienten dueños de una sensibilidad más habituada a las imposiciones del mundo postmoderno y a una cultura de la información más sofisticada. Y también más propensa al humor, a la frivolidad. Hablo del momento poético que ahora se vive en Cantabria sin dar un censo completo, centrándome mayormente en los poetas que participan en estas lecturas. Y además hablo desde dentro; sin la imparcialidad que un estudioso ajeno a los círculos en donde estos poetas se mueven puede aportar al respecto, pero sí con un conocimiento de cada poeta que va más allá del de la mera obra.El mundo inmediatoLos poetas que usan el lenguaje poético de una forma más claramente referencial, se orientan en numerosas direcciones. Todos ellos, encontrando quizá en esa autonomía del lenguaje antes mencionada cierta limitación, recurren a su función representativa para expresar y comprender su mundo inmediato. Están los que podríamos calificar como herederos de la poesía figurativa: Marcos Díez Manrique y Daniel Garrido por un lado, y por otro lado poetas más formalmente articulados como el muy visible Alberto Santamaría en quien se perciben influencias tan variopintas como la poesía novísima, las vanguardias o el mundo de la música y también otros poetas procedentes del 'Grupo de Reinosa' como Julio Ceballos o Daniel Guerra de Viana, a quienes ha influido de forma más enérgica el realismo sucio norteamericano. Los poetas que elaboran un mundo en el que el lenguaje parece crecer de forma autosuficiente -poetas con los que yo más me identifico-, incluyen a Paul Herrera Ceballos, quien influido por poetas tan diversos como Henri Michaux, William Blake, Maiakovsky o Leopoldo María Panero, inunda de irracionalidad el proceso resolutivo de la percepción. En sus proximidades, encontramos a los poetas Guillermo López Gallego y Jesús Salceda Obregón, dos poetas que reaccionan frente a las diversas tradiciones mezclándolas y siguiendo también un camino personal, experimentando una forma de lenguaje poético propio que descompone y fragmenta los versos para, con los deshechos, reconstruir una composición basada en otros recursos; el primero desde propuestas en ocasiones colindantes con la poesía concreta, el segundo desde posiciones más minimalistas.Para ellos, el propio lenguaje se constituye como tema central del poema, que se erige como un intrincado engranaje capaz de revelar un entendimiento profundo de la función misma del lenguaje, una reflexión exhaustiva acerca del lenguaje, sin evitar cierta referencialidad, ficticia o no. En ellos el juego lingüístico se asume como un medio de exploración más que como un medio de comunicación. SentimentalidadJunto a ellos encontramos poetas más jóvenes procedentes de la nueva hornada, que defienden un empleo similar del verso llegando incluso a adentrarse en variantes curiosas y diversas de poesía visual y caligramática, como Noé Ortega o Ana Teja de Juana, quien escribe versos tales como «nací con las mismas manos / para amar y armar / para armar y desarmar / para desarmar y desamar / por amor de amar armada». También en ellos el juego lingüístico se abre como medio de indagación. En otros terrenos, encontramos términos medios nada desdeñables; poetas que se adentran en una honda sentimentalidad, en cierto modo desconcertante, como la tenuemente surreal Maribel Fernández Garrido, David Villegas o Isabel García de Juan. Una compleja pluralidad.

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